martes, 27 de abril de 2010

Raymond Carver, "El padre".


   El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla.
  El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé.
  —¿A quién quieres tú pequeñín? — dijo Phyllis—, y le hizo cosquillas en la barbilla.
  —Nos quiere a todos — dijo Phyllis—, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico!
  La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo:
  —¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre.
  —¿No es una preciosidad? —dijo la madre—. Tan sano, mi niñito. —Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo—. Nosotros también le queremos.
  —¿Pero a quién se parece, a quién se parece? —exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía.
  —Tiene los ojos bonitos —dijo Carol.
  —Todos los bebés tienen los ojos bonitos —dijo Phyllis.
  —Tiene los labios del abuelo —dijo la abuela—. Fijaos en esos labios.
  —No sé...—dijo la madre—. No sabría decir.
  —¡La nariz! ¡La nariz! —gritó Alice.
  —¿Qué pasa con su nariz? —preguntó la madre.
  —En la nariz se parece a alguien —dijo la niña.
  —No, no sé... —dijo la madre—. No creo.
  —Esos labios...— dijo entre dientes la abuela—. Esos deditos... — dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menudos dedos.
  —¿A quién se parece este niño?
  —No se parece a nadie —dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta.
  —¡Ya sé! ¡Ya sé! — dijo Carol—. ¡Se parece a papá! —Todas miraron al bebé de muy cerca.
  —¿Pero a quién se parece su papá? — preguntó Phyllis.
  —¿A quién se parece papá?— repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas.
  —¡Vaya, a nadie! —dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco.
  —Calla —dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé.
  —¡Papá no se parece a nadie! —dijo Alice.
  —Pero tendrá que parecerse a alguien —dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina.
  Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión. 

Carver, Raymond, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), Barcelona, Anagrama, 1997.
  

lunes, 19 de abril de 2010

Jorge Luis Borges, "Diálogo sobre un diálogo".

  
Borges, Jorge Luis, “Diálogo sobre un díalogo”, El hacedor (1960), Buenos Aires, Emecé, 1984.

A- Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.

Z (burlón)- Pero sospecho que al final no se resolvieron

A (ya en plena mística)- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.
  

lunes, 5 de abril de 2010

Gregory Colbert

Gregory Colbert nació en Canadá en 1960. Realizó documentales y cortometrajes sobre distintos temas sociales hasta 1992. Desde entonces, ha viajado por la India, Ceilán, Tailandia, Egipto, Birmania, Dominica, Tonga y Azores. Su trabajo de este período se centra en el vínculo entre los seres humanos y los animales.


Más sobre el autor en Ashes Snow

viernes, 26 de marzo de 2010

Julio Cortázar, "Aquí Alejandra".


 
"A mi Julio. Muchos besos en la frente, -ilegible- de los ojos azules. (Te extraño). Tu amiguita dés lettres. Alejandra. Bs. As., 1969." La imagen corresponde a un libro de Alejandra Pizarnik dedicado a Julio Cortázar. Este material ha sido tomado del Centro Virtual Cervantes.


Aquí Alejandra

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.
Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo
(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d'inanité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)
Vení, quedate,
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo,
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día.
No puede ser, decís, no puede ser.
Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrúcate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
Erszebet,
Karen Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorn con un murciélago
Clarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonious,
que larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras
animula el tabaco
vagula Anaïs Nin
blandula vodka tónic
No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en un palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.
Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
su culebra contando
dos terrones un beso
Léo Ferré
No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera
Llueve en Rangoon —
Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(Consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)
Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.

Salvo el crepúsculo (1984)