viernes, 18 de septiembre de 2009

Las bibliotecas populares en la sociedad actual


Si bien las primeras bibliotecas populares de la ciudad de Buenos Aires fueron creadas a fines del siglo XIX, es en las décadas de 1920 y 1930 cuando las bibliotecas populares se convierten en el centro de gravedad de la actividad cultural en los barrios.

Durante este período, la ciudad comienza a expandirse hacia la periferia y se construyen nuevos barrios. Obreros, empleados, pequeños comerciantes, profesionales, trabajadores de los más diversos oficios y personas sin una ocupación definida fueron poblando estos espacios.

Los nuevos barrios estaban separados entre sí por extensos terrenos y carecían de servicios urbanos. En este contexto, junto con las bibliotecas populares se crean sociedades de fomento, mutuales, clubes y comités de partidos políticos que, en su conjunto, daban respuesta a las nuevas necesidades de la sociedad.

La mayoría de esas bibliotecas populares, que aun encontramos en todos los barrios de la ciudad, fueron creadas por iniciativa de grupos de vecinos y siempre tuvieron autonomía institucional, aun cuando estaban anexadas a otras instituciones sociales (asociaciones de fomento, clubes, escuelas, etc.)

Como las otras organizaciones surgidas en esta etapa de desarrollo, las bibliotecas representaban intereses comunes y actuaban como formas de integración social. El historiador Luis Alberto Romero ha señalado que "En ese proceso se conformó el núcleo de una nueva identidad de los sectores populares porteños, diferente de aquella trabajadora y contestataria que predominó a principios de siglo y también de esa otra, más definidamente obrera, de la segunda posguerra. Fue popular porque englobó un sector más amplio que el de los estrictamente trabajadores, y porque el trabajo y sus problemas no constituyeren el centro exclusivo ni aun el principal de sus preocupaciones. (...) Son muchos los que por entonces se preocupan por transformar la sociedad, desde el Partido Comunista hasta la Liga Patriótica. Pero en las bibliotecas se encarnó una veta particular de esta preocupación, la de la reforma profunda y posible a la vez, que sigue el análisis y crítica racional de la realidad, y se guía por criterios de justicia social."

Con el tiempo, las bibliotecas comienzan a circunscribirse a lo estrictamente "cultural". En la medida que el objetivo original se fue agotando, se debilitaron también los vínculos de las bibliotecas con la sociedad.

Más recientemente, el uso de internet ha obligado a las bibliotecas populares a reestructurarse y redefinir sus funciones. De acuerdo con un estudio realizado en 2004 por el Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, "existen tres posibles escenarios para que evolucione la relación entre el uso de Internet y los servicios bibliotecarios: en el primero, la biblioteca pública continuará existiendo pero su misión en la sociedad y sus servicios cambiarán. El segundo imagina a Internet complementando a la biblioteca pública, y en un futuro inmediato coexistiendo con ella. En el tercero, Internet ignorará a la biblioteca pública, que entrará en un período de declinación y posible desaparición (Rodger, 2001)."

El grupo de investigación consultó a 64 bibliotecas públicas, de las cuales el 25 % se encuentra en la ciudad de Buenos Aires y el 75 % restante en los alrededores. Sobre la base de estas consultas se supo que 31 bibliotecas tenían acceso a internet, mientras que las otras 34 no tenían conexión. De aquellas que tienen internet, solo el 16 % tienen sitio web. En este sentido, es sabido que el acceso a internet en una biblioteca no solo mejora las condiciones operativas de trabajo de los bibliotecarios, sino que brinda más y mejores recursos a los lectores.

La utilización de internet no es el único factor que desde hace tiempo está contribuyendo a cambiar la estructura y el funcionamiento de las bibliotecas. El cambio en los hábitos de lectura que se produjo en las últimas décadas es un hecho que debería conducir a revisar la dinámica tradicional de las bibliotecas.

Las salas de lectura han dejado de ser un espacio de lectura propiamente dicho y se han convertido, para la enorme mayoría del público, en lugar de tránsito. Comúnmente, en la sala de lectura se hace una revisión sucinta del material que se consulta, pero la lectura tiene lugar en otros espacios, fuera de la biblioteca.

Sin embargo, las bibliotecas podrían desarrollar estrategias para propiciar un espacio de lectura diferente. No para que la biblioteca funcione como un local de comidas rápidas, sino precisamente para que no termine funcionando así.

En una sociedad atomizada, donde el otro suele ser un desconocido y, precisamente por ello, un enemigo o alguien desdeñable, las bibliotecas populares pueden refundarse sobre la idea de integración social que les dio origen.

William Blake, "Una visión memorable".

William Blake nació en Londres en 1757 y murió en la misma ciudad en 1827. Jaime Rest ha señalado que en Blake convergen la imaginación espontánea del siglo XVIII y la innovación romántica. Jorge Luis Borges escribió en un prólogo: “(...) Cristo enseñó que el hombre se salva por la fe y por la ética; Swedenborg agregó la inteligencia; Blake nos impone tres caminos de salvación: el moral, el intelectual y el estético. Afirmó que el tercero había sido el predicado por Cristo, ya que cada parábola es un poema. (...) La belleza para Blake corresponde al instante en que se encuentran el lector y la obra y es una suerte de unión mística. (...)”
 
   
Una visión memorable 

Blake, William, “Las bodas del cielo y el infierno”, Poesía completa, Bs. As., Hyspamérica, Biblioteca personal Jorge Luis Borges, 1986. Traducción de Pablo Mañe.


   Estaba yo en una imprenta del infierno cuando vi el modo mediante el cual se transmite el conocimiento de generación en generación.
   En la primera cámara se hallaba un hombre dragón. Limpiaba la basura acumulada ante la entrada de una caverna. Dentro, cierto número de dragones excavaban la gruta.
   En la segunda cámara había una víbora. Envolvía la roca y la caverna y otras la engalanaban con oro, plata y piedras preciosas.
   En la tercera se veía un águila con alas y plumas de aire. Por su causa, el interior de la cueva era infinito. En su torno, muchas águilas semejantes a hombres, construían palacios en los inmensos acantilados.
   En la cuarta cámara se percibían leones de llameante fuego que, muy airados, transformaban a los metales en fluidos vivos.
   En la quinta, unas formas innominadas lanzaban los metales al espacio.
   Allí las percibían los hombres que ocupaban la sexta cámara, asumían forma de libros y eran dispuestos en bibliotecas.
  Los gigantes que dieron a este mundo su existencia sensorial y que ahora parecen vivir encadenados en él son en realidad las causas de su vida y las fuentes de toda actividad; pero las cadenas son la astucia de las mentes astutas y mansas con poderes para resistir la energía, de acuerdo con el proverbio que dice: el débil de coraje es fuerte en la artimaña.
   De este modo, parte del ser es lo prolífico y la otra lo que devora. Al devorador le parece que el productor está encadenado. Sin embargo no es así: éste sólo toma porciones de existencia y se imagina que toma el todo.
  Pero el prolífico dejaría de serlo si el devorador, como mar, recibiera el exceso de sus delicias.
   Algunos se preguntarán: ¿no será Dios solamente el prolífico? Respondo que Dios sólo actúa y es en los seres existentes o los hombres.
   Estas dos clases de hombres están siempre en la tierra y tendrían que ser enemigos.
  Quienquiera que procure reconciliarlos buscará destruir la existencia.
  La religión es un esfuerzo de reconciliar a ambos.
   
Nota: ¡Jesucristo no quería unirlos, sino separarlos, como se prueba en la parábola de las ovejas y las cabras! Dijo: no he venido a traer la paz, sino una espada. (1)
   
El Mesías, o Satanás o el Tentador se consideraban antes alguno de los antediluvianos que son nuestras energías.
  
(1) Evangelio según San Mateo.
  

lunes, 14 de septiembre de 2009

Brasaï

Gyula Halàz (1899, Brasso, Hungría – 1984, París) 


“La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón...”




domingo, 13 de septiembre de 2009

Virginia Woolf, "La hermana de Shakespeare".




La hermana de Shakespeare *

Woolf, Virginia, Un cuarto propio, Buenos Aires, Ediciones Sur, 1980. Traducción de Jorge Luis Borges. 

“(...) Hubiera sido imposible, completa y enteramente imposible, que una mujer compusiera las piezas de Shakespeare en el tiempo de Shakespeare. Imaginemos, ya que los hechos son tan difíciles de atrapar, qué hubiera sucedido si Shakespeare hubiera tenido una hermana, maravillosamente dotada, llamada Judith, supongamos. Shakespeare iba, es muy probable –su madre era una heredera-, a un liceo, donde aprendería latín –Ovidio, Virgilio y Horacio- y los elementos de la gramática y la lógica. Era, quien no lo sabe, un muchacho travieso que robaba conejos, tal vez mató un ciervo, y tuvo, antes de lo debido, que casarse con una mujer de la vecindad, que le dio un hijo, también antes de lo debido. Esa aventura lo llevó a Londres a buscar fortuna. Tenía, parece, inclinación por el teatro; empezó cuidando caballos en la puerta.

Pronto consiguió trabajo en el teatro, tuvo éxito como actor, y vivió en el centro del universo, frecuentando a todo el mundo, conociendo a todo el mundo, ejerciendo su arte en las tablas, ejercitando su agudeza en las calles, y haciéndose admitir hasta en el palacio real. Mientras tanto, su bien dotada hermana, supongamos, se quedaba en casa. Era tan audaz, tan imaginativa, tan impaciente de ver el mundo como él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender gramática y lógica, menos aún de leer a Virgilio y Horacio. Hojeaba de vez en cuando un libro, uno de su hermano, quizá, y leía unas cuantas páginas. Pero entonces, venían los padres y le decían que fuera a zurcir las medias o atendiera el guiso y no malgastara su tiempo con libros y papeles. Le hablaría claro pero bondadosamente, porque eran personas de peso que sabían las condiciones de vida propias de una mujer y querían a su hija. En verdad, lo más verosímil es que la adorara su padre.

Quizá garabateó algunas páginas a escondidas, en el desván de las manzanas, pero tuvo buen cuidado de esconderlas o prenderles fuego. Sin embargo, antes de los veinte años, decidieron comprometerla con el hijo de un vecino clasificador de lana. Dijo a gritos que odiaba el matrimonio, y su padre la azotó severamente. Entonces dejó de reírla. Le rogó que no lo disgustara y no lo avergonzara en aquel asunto del casamiento. Le daría un collar de cuentas y una linda enagua, le dijo; y tenía lágrimas en los ojos. ¿Cómo desobedecerlo? ¿Cómo partirle el corazón? La fuerza de su vocación la impulsó. Hizo un atadito de sus cosas, se deslizó una noche de verano por una cuerda y tomó el camino de Londres. No había cumplido aún diecisiete años. Los pájaros que cantaban en los cercos eran más musicales. Tenía la más pronta imaginación, un don como su hermano para la música de las palabras. Como él, tenía inclinación por el teatro. Se paró en la puerta del teatro; dijo que quería representar. Los hombres se le rieron en la cara. El empresario –un hombre gordo de labio caído- soltó la carcajada. Rezongó algo sobre perros bailando y mujeres representando –no ha mujer, dijo, que pueda ser actriz. –Insinuó- lo que ustedes imaginan. Ella no tenía dónde aprender. ¿Podía acaso buscar su comida en una taberna o rondar las calles a medianoche?

Sin embargo, su inclinación era novelística y quería alimentarse infinitamente de vidas de hombre y de mujeres y del estudio de sus modos de ser. Al fin –porque era muy joven, muy parecida de rostro a Shakespeare el poeta, con los mismos ojos grises y las cejas arqueadas- al fin Nick Greene el empresario se apiadó de ella; un buen día, se encontró encinta y entonces -¿quién medirá el calor y la violencia de un corazón de poeta, arraigado y envuelto en el cuerpo de una mujer?- se mató una noche de invierno y tace enterrada en alguna encrucijada donde ahora se detienen los ómnibus frente al Elefante y la Torre.

Así, más o menos, hubiera sido la historia, me parece, si una mujer en tiempo de Shakespeare, hubiera tenido el genio de Shakespeare. Porque el genio de Shakespeare no nace de gente de trabajo, ineducada y servil. (...)”

* El subtitulado es nuestro.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Dos poemas de Hermann Hesse




Hesse, Hermannn, Antología poética, Buenos Aires, Ediciones Librerías Fausto, 1974. Traducción de Rodolfo E. Modern.


Crujido de una rama quebrada
  
Rama en astillas quebrada,
colgando año tras año,
seca cruje su canción al viento,sin hojas, sin corteza,
raída, amarillenta, para una larga vida,
para una larga muerte fatigada.
Duro suena y tenaz su canto,
suena obstinado, suena secretamente amedrentado
todavía un verano, todavía un invierno más.
  
Un joven novicio en un monasterio Zen (II)

Aunque todo sea mentira e ilusión
y siempre innombrable la verdad,
con todo la montaña me contempla
recortada y perceptible con justeza.

Ciervo y cuervo, rosa encarnada,
mar azul y mundo tan variado:
concéntrate, y él se deshace
en lo informe y en lo anónimo.

Concéntrate y recógete,
¡aprende a ver, aprende a leer!
Concéntrate, y el mundo en apariencia se convierte.
Concéntrate, y la apariencia en esencia se convierte.
  

  

miércoles, 2 de septiembre de 2009

"La sombra china de Jacques Lacan"

El ensayista y semiólogo François Cheng introdujo la poesía y la filosofía orientales en el ideario lacaniano. Dos de sus libros, que ahora se consiguen en Buenos Aires, influyeron en las teorías del brillante y controvertido seguidor de Freíd.

Luis Gruss / La Nación

Su nombre no suena con demasiada frecuencia por aquí. Quizás ahora un poco más, con la reciente llegada a las librerías porteñas de dos de sus libros fundamentales: Vacío y plenitud (Ediciones Siruela) yLa escritura poética china (Pre-textos). François Cheng (nacido en Pekín en 1929 y luego nacionalizado en Francia, país adonde se trasladó en 1948) es, sin embargo, el más reconocido experto en el conocimiento y difusión de la espiritualidad de Oriente. Sus reflexiones fueron fundamentales, entre otros, para su admirador y amigo Jacques Lacan, cuyas investigaciones en torno al valor del significante confluyeron naturalmente con la teoría de palabras llenas y palabras vacías o muertas que Cheng elaboró al analizar la escritura poética china. El sueño tiene la estructura de una frase, decía Lacan en su estilo enigmático que armonizaba con el de Cheng cuando éste comentaba aspectos de la escritura poética china: el ritmo desempeña una función primordial, ya que indica la forma en que se agrupan las palabras y permite decidir cuál es su verdadero sentido.

Filólogo, poeta, ensayista, calígrafo, traductor, novelista y semiólogo, Cheng ha sido un estrecho colaborador de Lacan. El psicoanalista francés lo presentó en uno de sus célebres seminarios (abril de 1977) con su ironía habitual: "François Cheng, que en verdad se llama Cheng-Tai-Tchen, se ha puesto François con el objeto de reabsorberse en nuestra cultura, aunque esto no le ha impedido mantenerse muy firme en lo que hace, un trabajo de gran utilidad para los que aquí se consideran analistas".

La zambullida china de Lacan nada tuvo que ver con el exotismo que a veces provoca en Occidente aquel mundo lejano de ikebana, té verde, dragones y flores de loto. Lacan vio una clave de sus teorías en los estilizados ideogramas chinos. La forma genera sentidos inesperados. La forma, debe subrayarse una vez más, arrastra por añadidura el contenido y no al revés, como antes se creía. La poesía china es eminentemente metafórica. Sólo así puede concebirse (por ejemplo) que la unión nube/lluvia aluda por elevación al acto sexual; el jade, a la mujer de bellas formas o que la luna llena señale un reencuentro de amantes. Según el imaginario chino estudiado por Cheng, la montaña pertenece al yang y la nube al yin. En ese caso la montaña designa al hombre y la nube (inalcanzable), a la mujer. Las voces que emanan de ellos, entonces, son: "Viajo pero, como la montaña permanezco contigo" y "Estoy aquí pero, como la nube, mi pensamiento viaja contigo". Esto, aunque resulte arduo de asimilar para el lector occidental, está resumido en un dístico de Wang Wei, destacada figura poética junto a Li Tai Po durante el reinado de la floreciente dinastía Tang.

El lago se vuelve sobre un instante
La verde montaña rodea la nube blanca

Lacan leyó con atención a los poetas chinos y en ellos, de la mano de Cheng, observó que los ideogramas generan sentido en los versos. Algo análogo sucede en el diván del analista. Simples sonidos evocan situaciones más complejas que trascienden ampliamente las palabras pronunciadas. En su libro La escritura poética china , Cheng cita el "sencillo" ejemplo de un ideograma que, por sus componentes gráficos, suscita una imagen poética. En China la expresión po-gua (literalmente, "melón partido") designa los dieciséis años de una joven deseable y casadera. A partir de una imagen gráfica se llega, al final de la cadena significante, a la idea erótica de carne tierna (melón) y fresca, mordedura sensual, etcétera. La partición del melón podría ser interpretada como pérdida de la virginidad. Este raro juego de espejos se entendería mejor, claro, si se viera el dibujo partido del ideograma correspondiente.

En su Seminario 24, Lacan les dice a sus alumnos: "Yo quisiera llamar la atención sobre algo: el psicoanalista depende de la lectura que hace de lo que dice el paciente. Y lo que escucha no puede ser tomado al pie de la letra [ ]. ¿La verdad despierta o adormece? Me gustaría que antes de responder leyeran a François Cheng, ya que con la ayuda de lo que se llama escritura poética ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica".

Eran habituales las caminatas y conversaciones entre Lacan y Cheng, quien no casualmente dedica su libro Vacío y plenitud "al maestro Jacques Lacan", cortesía que el psicoanalista francés solía devolver en el mismo tono. Leyendo poemas chinos de la Antigüedad o analizando pinturas donde las áreas en blanco eran muy evidentes, los dos pensadores concibieron la noción de vacío no como algo vago e inexistente sino como un elemento dinámico y activo.

El vacío pasa a ser un signo; es origen y elemento central en el surgimiento de " las diez mil cosas" del mundo. La pincelada del calígrafo o del artista acaba diciendo mucho más de lo que se había propuesto, tal como sucede con el paciente en el consultorio. Lo dicho se traduce en un malentendido eterno. ¿Por qué? Porque una palabra no revela claramente su sentido (por ejemplo, la voz china dao o tao no refiere sólo al camino aludido). Más bien conduce a otras voces en una cadena lingüística así como un sentido conduce a otros. Siempre decimos más de lo que nos proponemos. Esto último se produce mediante los conocidos mecanismos inconscientes de desplazamiento (desvío) y condensación. La digresión es el recurso preferido en estos casos. Sólo hay algo nuevo en el significado cuando hay algo también nuevo en el significante. El sujeto que habla no es amo y señor de lo que dice. En los hechos, termina diciendo más de lo que quiere. Termina expresando (siempre) otra cosa. Desde el análisis lacaniano se afirma que hay que entender al paciente más allá de lo que dice. En cuanto se quiere afirmar algo, se producen incidentes inevitables: de ahí la confusión y la imposibilidad del diálogo como absoluto lazo de unión. Cada uno de nosotros es hablado por la lengua. Por eso, en principio conviene que no nos tomemos a pecho ni a nosotros ni a los demás. El oficio propio del analista es escuchar al paciente casi como si hablara a través de ideogramas chinos: diciendo mucho más allá de lo que dice. Interpretar es escuchar al sujeto no en lo que él cree pronunciar sino en el deseo que fluye a través del significante que por algún motivo eligió.

En función de estos razonamientos, Cheng se detuvo especialmente en los poemas de Li Bo (o Li Tai Po) y otras tantas obras maestras que, como se ha dicho, iluminaron el cielo del arte bajo el imperio de los Tang, durante los siglos VII y IX de nuestra era. Entre varios centenares de poemas, Cheng eligió para su análisis -realizado al unísono con Lacan- una conocida cuarteta ("Escalinata de jade") que podría traducirse así:

Del umbral de la escalinata de jade 
Brota un rocío blanco
La larga noche penetra en las medias de seda
Dejando caer la cortina de cristal
Contemplada al trasluz por la luna de otoño.

El tema abordado es la noche de espera de una mujer ante la puerta de su casa vacía. La espera es inútil porque su amante no llegará. Desilusionada y con frío, la mujer se retira a su cuarto. Allí baja la celosía de cristal y se queda un rato más, confiándole su pena y su deseo a la luna, cercana y lejana a la vez. Li Bo invita al lector a vivir los sentimientos del personaje desde dentro. Pero sólo entenderá mejor la idea que sobrevuela allí el lector familiarizado con el valor simbólico de los significantes chinos:

Escalinata de jade: piel lisa y suave de una mujer. Rocío blanco: noche fresca, hora solitaria, lágrimas. Y tiene un matiz erótico. Media de seda: cuerpo de mujer. Celosía de cristal: interior del gineceo. Luna de otoño: presencia lejana y deseo de reencuentro.

Con esta secuencia de imágenes -dice Cheng-, el poeta crea un mundo coherente y misterioso. Las cosas parecen derivar unas de otras de manera inexorable. Por intermedio de los signos, la luna adquiere su estatus de símbolo primordial de los poetas chinos clásicos, artistas de una sensibilidad nocturna que revela el secreto de una noche de mito y comunión. El amor (que Lacan ha definido como dar lo que no se tiene a quien no es) se conecta con la idea del vacío esencial, es decir, fuente permanente del deseo aunque no excluya -en esa búsqueda infinita- el dolor y la melancolía que inevitablemente nacen de la ausencia.